Friday, September 16, 2005

evita es preciosa

Evita es preciosa, una maravilla de mujer, cuando la beso y la estrecho entre mis brazos de monstruo sensiblero le crujen las costillas y los dos nos partimos de risa, qué suerte fue encontrarla en aquel guateque, hace ya casi veinte años, ay papito qué lindo es gastar la vida contigo, me dice, y da gusto mirar ahora a los críos, la felicidad a uno se le embute por donde menos imagina, el azar es así, Eva, qué cielo ardoroso. Estas son las cosas que me rondan la cabeza casi todos los días, soy un hombre positivo, después del trabajo sudoroso me agrada pensar en mi hogar rojizo, allí me espera con su compresión y con su liguero Evita, mi esposa, la rubia inmutable, y mi hija Marta que acaba de perder la virginidad con un impresentable, lo sé, lo sé, el muy hijo de perra, y Juan, qué tierno, aún no dijo sus primeritas palabras. Ya llego, al fin, el aeropuerto de noche es una pena, esos pobretones de chaquetillas roídas y embarradas, esas madres tan tristonas y andinas, esos hombres de negocios que reflejan mi cara casi bruta y abatida por las jornadas, ¿acaso no es un cementerio de alas rotas? Se adelantó el vuelo y no avisé, qué bochorno de ciudad, Jesucristo, ¿ya los niños estarán durmiendo? Qué pregunta, Marta al teléfono, como siempre, por eso comunica, ¿estará Evita, guapa, mi sol, cansada? Tal vez lloren de alegría al verme, aún me queda una hora de tren, igual me dice eso de cómo me gusta que me sorprendas, mi osito, es que me derrito sólo de pensarlo, cuántos matrimonios mantienen este destello, cuántos, ah tendré que comentar cuánto antes lo de la mudanza, el dinero, ya sé que siempre es el dinero, pero lo importante es el amor que aún fluye en esta familia imperfecta pero idónea para mi y para Juan el pequeño, ¿cuál será su primerita palabra?, para Marta, es una joven realmente carismática, los trae de calle a los muy huevones, tan lista, y para Eva, Eva, mi amor, tú eres el pilar, el motor, el premio, la gracia. Ya entro, familia, ya estoy aquí, qué oscuro, huele a dulce, habrán estado haciendo bizcocho, merengue, quién sabe, es viernes, dos de la madrugada Tenerife, siete de la noche Nueva York, dios mío, qué cansancio y qué ganitas de besar a mis dragoncitos, ¿esos murmullos?, subo, Marta está dormida, se le cae la baba, es la visión más delicada y divertida que se me ofrece desde hace mucho tiempo, Juan, vamos, la puertita rosa, sí, es aquí, cuelgan unas letras jota, u, a, ene, y unos elefantes de circo, huele a toallitas, aquí está Juanito. Sus ojos como platos, hola Juan, hace un mes que no te veo, mi amor, cómo estás, te trataron bien, Juan va a decir algo, ¿es esta la sorpresa, Eva, que el pequeño ya habló un poquito?, venga, di algo, mi lucero. Papá. ¡Dijo papá! Lloro de orgullo, ¡dijo papá! Nani. Dani. Daniel. ¿Daniel? ¿Cómo que Daniel? Papi. Dice papi. ¿Quién es ese cabrón, quién es ese Daniel? ¿Quién es ese papi que no soy yo, Juan? Lloro con más gana que nunca, así pasa un rato, el dolor es muy extraño, Eva, dónde estás, el mundo es demasiado grande, por qué nuestro cuarto, nuestro nido minimalista, está vacío, hace ya una hora que tendrías que haber vuelto de tu turno mal pagado, el niño dijo papi, Eva, y también dijo Daniel, Evita, dónde te metiste. Me asomo a la ventana, Martita ronca en la habitación de al lado, a Juan le han crecido los ojos, no se duerme, sólo tose de vez en cuando, yo lloro por todo, por nada, porque me duele no entender nada de esta historia, tan bonita anteriormente y, de repente, se enciende una luz verdosa en la casa del vecino, el pobre viudo desgraciado, recuerdo que antes era mucho más amable, y su mujer, María Teresa, era fantástica y pichona, no, se levantan dos, ¡dos! Por el amor de Dios, esa mujer nocturna, no puede ser Eva, no puede ser Eva, nunca fue tan atractiva, no puede ser Eva.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home