Friday, September 16, 2005

falsa terapia

nota: la idea la saqué de un relato llamado "fantasia de agosto2 del concurso de relatos de verano de www.larazon.es Me encantaron algunos...


Falsa terapia







Javier: Bueno, cuénteme. (Deja de toquetear los bártulos, y se sienta)

Belén: Pues por dónde empiezo.

Javier: Sólo deje que sus pensamientos vengan a mí. (Sonríe, confiado)

Belén: Bien, pero… Javier, digo, doctor González… ¿Cree que esto es una buena idea?

Javier: Que sí, sí, calle ya, deje que sus pensamientos fluyan, a ver qué pasa.

Belén: Yo creo que esto no está bien. Doctor… Yo creo que esto…

Javier: Vale, bien. Cuénteme. (Serio, expectante, no sabiendo qué esperar de lo siguiente)

Belén: Vale, pues… Siento una gran confusión. Paradigmática. Una sensación de irrealidad paradigmática, que lo inunda todo, que me abarca. Todo. Estoy en mi cuarto, sola, es de noche y, antes de dormir, pienso. (Busca su aprobación en los ojos del psicólogo)

Javier: ¿En qué piensa?

Belén: En la vida, en todo. Los pensamientos se suceden, se pisotean, paso de uno a otro sin sacar conclusiones.

Javier: Entiendo lo que quiere decir.

Belén: Soy feliz en el sentido de que no me ha sucedido ninguna desgracia. Estabilidad. Mi gente. Ya sabe.

Javier: Sí. Hábleme de su gente. Hábleme de cómo cree usted que esas relaciones la afectan, Belén.

Belén: Precisamente aquí está el problema, bueno, el misterio. Yo hace poco lo dejé con un hombre, ahora somos sólo amigos, no hay mucho que contar. Pero hace ya un año que lo dejé con otro, se llama Juan, ya le he hablado a usted de él.

Javier: Sí, sí.

Belén: Juan fue un amor muy intenso para mí. El contexto era inapropiado para una relación seria. Y sé que con él no podría funcionar. Pero, cómo decirlo, hay cariño, un cariño extremado, una especie de esperanza a reencontrarlo.

Javier: ¿Por qué? (Des-implicándose)

Belén: Es quizás sólo mi idea romántica de la historia, esa tragedia. El círculo perfecto, las ramificaciones de la vida. Me separo de él, y tal vez dentro de treinta años, volvemos a querernos.

Javier: Ya me ha hablado usted del círculo perfecto, del destino, de eso de que la vida da vueltas. Y, al final, nada sucede por casualidad.

Belén: Sí, lo aplico a casi todo.

Javier: Hábleme de Javier. (Por fin)

Belén: Eduardo. Quedamos en Eduardo.

Javier: Sí, perdona. Eduardo.

Belén: Pues es el actual.

Javier: ¿Y?

Belén: Joder. Es que esto es muy difícil.

Javier: Es que hay que sacarte las cosas con cucharilla. Íbamos muy bien. (Se desconcentra, sale de su papel)

Belén: Es que es duro, es muy raro, Javier, no sé si esto está bien.

Javier: Yo también estoy haciendo un esfuerzo. Estoy… escuchando tus inseguridades, estoy apunto de oír que ya no me quieres. No sé que harías tú, ¿eh?

Belén: (Silencio)… Pues Eduardo es el actual, mi pareja.

Javier: ¿Dónde lo conociste?

Belén: (Cara de “esta pregunta sobra”) Joder, en California, hace tres años. En un viaje organizado. Nos enamoramos, estuvimos seis meses enamorados, y luego parece que el amor se acabó.

Javier: ¿Discutíais mucho?

Belén: No, no. Casi nunca. Y eso no es sano.

Javier: Ya (escéptico)

Belén: Bueno, ahora, con el tiempo, veo que el amor no es que se acabara. Nos callábamos las cosas. De pronto, un día, explotó el mundo. Y explotamos nosotros.

Javier: Es verdad. Eso es verdad. Y, ¿ahora? ¿Qué sientes? (Con retintín) ¿Qué piensas de ese Eduardo?

Belén: ¿De verdad quieres que te responda?

Javier: Sí, estamos juntos en esto.

Belén: Yo lo quiero, lo aprecio. Es el hombre perfecto. Pero no sé. Es como si estuviera aún esperando el amor, fijándome por si acaso encuentro a otro en una esquina… Después de mucho tiempo sin saber el uno del otro, hemos vuelto a implicarnos. Pero… como que no es suficiente.

Javier: Joder, Belén.

Belén: Ya te lo he dicho. Esto no es una buena idea. ¿Por qué no hago yo de psicóloga y tú de paciente?

Javier: Belén, yo te quiero. Me dices cosas muy difíciles. Yo te quiero. La vida da muchas vueltas, tú lo has dicho.

Belén: No quiero agobiarme.

Javier: Sí, ya sé que no quieres dar nada por sentado, que no quieres atarte.

(Belén se incorpora y lo abraza)

Javier: Sé que así estás más tranquila. Sé que los sentimientos no se fuerzan. No se han de exigir.

(Belén busca su boca. Consigue sus besos. Murmura.)

Belén: Ni precisar. Por ahora, mi amor…

Javier: (sigue en sus pensamientos): Sé que todo esto es muy extraño. Todo lo que tiene que ver con el alma…es muy extraño… Ahora tú haces de psicóloga, y yo te hablo de ti, te vas a llamar Julia, te hablo de esas dudas de Julia que me van a obligar a abandonarla, a ella, a Julia.

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