Tuesday, October 25, 2005

CANCIONES PARA EL TIEMPO Y LA DISTANCIA: una noche de concierto MISTER IVAN FERREIRO y carlos y amaro


Veo duelos de ladrillo, mosaicos que retratan estrellas en el cielo a punto de derramarse en mi boca seca, y veo manos de arcilla rugosa como la lengua extraña de un felino.
También siento esa harina de maquillaje, abrigos de abismo, guitarra de agujeros negros, un piercing y mucho papel de fumar para hacer una infusión que le de energía al día que se gasta disimuladamente, carcomiendo sombras y nebulosidades.
Escucho una canción sobre el tango de la vida con la muerte y su obviedad, de la vida contra la muerte y su cercanía y misterio atrayente: bolero, bolero mío, corrompido hasta ser un rock, estirado hasta ser jazz flamenco, moldeado, torturado, perfeccionado a base de poesía, abstracción y pianos blancos…
El delirio de una noche de concierto: sus ojos desgallitándose y mirando sin pasión a la masa que corea y se transporta; sus brazos, potentes, feroces y dulces, haciéndome gritar que ojalá me rodearan, allí encima de esa batería de escarcha; su cuerpo balanceándose en un escenario llenito de actores, asesinos, políticos, cerdos, en definitiva, personas que hacen música, como yo, que canto ahora, borracha y chirriando, canciones inventadas hace ya algún tiempo.
El delirio de una noche de concierto. Estos son mis pensamientos en una noche en la que mi alma está caliente, chorreando hilos dorados de luz y sexo; una noche en la que mi alma se reparte y vuela lejos a otros países; una noche en la que mi alma por fin hace las paces con mi cuerpo, y lo besa, y lo seduce hasta hacerlo palpitar por primera vez en tres siglos de mutis o afonía.

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