Tuesday, October 25, 2005

Fue hermoso mientras te estuve buscando:
nunca te quitabas toda la ropa,
me prometías pimienta y más y más secretos.
Pero, ay Carmen, una vez te conmoviste,
una vez te quedaste quieta y supe tu nombre más cierto,
Alimaña, ya no te quise.
Trataste de morder mi libertad troceándola, picándola,
porque, ay Carmen pobre infeliz, no aceptabas la tuya.
Reías cuando me perdía, llorabas cuando algo ganaba,
mentirosa, decías que era por tu personalidad melancólica.
No sé si fue la guerra o lo que vino después,
o esas tirrias y venganzas que tú envasabas compulsiva,
quizás fueron esos sueños que se te derramaron en la cara,
en cualquier caso, ¿cómo pudiste?
Fue hermoso rodearte mientras fuiste redonda y respetable,
luego fuiste un monstruo insípido
que aún no entiende que el amor es algo incorrompible.

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